Los insectos y la acuicultura

Don Alex Obach, director de ARC Skretting, una de las mayores compañías productoras de alimentos para acuicultura del mundo, ha manifestado en unas declaraciones efectuadas en una entrevista para el boletín de acuicultura “Mis Peces”, que acaba de publicarse, que “la harina de insectos ya está siendo analizada de manera experimental. Además, ahora, que se ha alcanzado la independencia nutricional de la harina de pescado en algunas especies, como por ejemplo el salmón, los investigadores pueden dedicar una mayor atención a estos nuevos ingredientes”.

Y, en efecto, grandes empresas del sector ya están trabajando de manera experimental con insectos, si bien todavía se debe avanzar para mejorar los volúmenes de producción y así asegurar un suministro continuo, garantizar la seguridad alimentaria y obtener un precio competitivo respecto del resto de materias primas utilizadas en este campo.

Hay que tener en cuenta que la FAO prevé un crecimiento sostenido de la acuicultura. Los expertos de FAO predicen que, en los próximos 10 años, el crecimiento de la producción acuícola será del 40 por ciento. En poco menos de una década, en el año 2025, el mundo deberá estar en condiciones de producir 30 millones de toneladas más de productos acuícolas, y este crecimiento vendrá por medio de los peces y de los camarones.

En este complejo marco, la propia FAO considera que ciertos insectos son una alternativa factible para formar parte de la diera en ciertas especies acuícolas, “aportando numerosos beneficios de carácter medioambiental, sanitario y nutricional”, pero aun tratándose de una materia prima muy prometedora, no todo está resuelto, ni a nivel técnico ni de manejo de los animales ni de cuál es la especie que mejor encaja nutricionalmente, ya que, como es bien sabido, se trata de un área de actuación totalmente nueva y, como tal, presenta una serie de incógnitas e incertidumbres.

En este contexto, ha entrado en vigor en la Unión Europea una normativa que adapta la ya existente para las Proteínas Animales Terrestres (PAT), permitiendo la introducción de siete especies de “insectos de granja” en la dieta de peces y mariscos de crianza.

Hasta el presente, estas especies son la mosca soldado negra (Hermetia illucens), sobre la que ya se publicó un artículo en su día en este Boletín; la mosca común (Musca domestica); el gusano de la harina (Tenebrio molitor); el escarabajo de la cama (Alphitobius diaperinus); el grillo doméstico (Acheta domesticus); el grillo rayado (Gryllodes sigllatus), y el grillo bicolor (Gryllus assimilis). Hay que tener en cuenta que determinadas especies de insectos de granja poseen perfiles nutricionales muy interesantes, incluso mejor que otras materias primas que se están utilizando, como pueden ser las vegetales.

En cualquier caso, desde la perspectiva de la seguridad alimentaria, también deberá tenerse muy presente el tipo de alimento que se da a estos insectos de granja y su origen; hasta el momento, la Unión Europea sólo autoriza los alimentos de origen vegetal, lo que constituye una limitación a la amplitud de la base animal e influye negativamente en los costes de producción.

Un aspecto que ha puesto también de manifiesto el señor Obach es el de que pueden existir algunos aspectos anti-nutricionales relacionados con el exoesqueleto de los insectos que suelen ser ricos en quitina (en la opinión de este experto “este no será un obstáculo insalvable, aunque si lo debemos tener en cuenta. De ahí que quizá serán más interesantes aquellos con una fase larvaria sin exoesqueleto. No obstante, son aspectos menos anti-nutricionales que los de algunos vegetales”.

Otro aspecto que habrá que estudiar es la posible aparición de las denominadas “enfermedades de la producción”, cuyo origen está en el estrés y en el incremento de las densidades en las áreas productivas.

En cualquier caso, se trata de un “mundo” apasionante y lleno de expectativas positivas, cuyo desarrollo se prevé muy importante en los próximos años.