La astuta Consejera

Estos días andamos flipando con los juegos de cortejo que diferentes candidatos y partidos políticos despliegan para camelar al más incauto de los de alrededor y lograr así ese apoyo que le garantizará el sillón de mano para los siguientes cuatro años.

Dicen que el poder desgasta más, pero les recuerdo que el maquiavélico dirigente italiano Giulio Andreotti concluía que “El poder desgasta, sobre todo cuando no se tiene” y por ello, lo habitual es que se luche, por vías pacíficas eso sí, por arrebatar al adversario los resortes del poder. Más aún, recuerdo que Arzalluz se refería al pavoneo previo que todo cortejo animal conllevaba para que el ansiado objetivo llegase a sobrevalorarlo y ocultar, parcialmente, las inherentes debilidades.

Tras alcanzar el poder, toca el reparto de tarta y de áreas de poder y es entonces cuando los ciudadanos podemos observar, en caso de gobiernos  multipartitos, cuáles son las áreas prioritarias para cada uno de los contendientes y constatamos, en la mayoría de los casos, que el Departamento de la cosa agraria (rural, alimentaria…), al igual que me ocurría a mí cuando de niño en el patio los capitanes se repartían a pasos los jugadores de sus equipos, es una de las últimas en elegir.

El área agro-rural parece ser tan minúsculo y de inferior categoría que ya nadie, salvo las organizaciones agrarias, se plantea reivindicar un departamento o área propia donde se engloben materias tan básicas pero vitales como son la producción agroganadera y forestal, el desarrollo rural, la alimentación, la industria agroalimentaria, los montes y las áreas naturales protegidas pero, visto el discurrir de los últimos años, también se debiera integrar toda la política ambiental ligada al territorio natural.

Escuchamos con harta frecuencia afirmaciones que, quizás con excesiva ligereza, señalan el carácter estratégico del sector primario o primer sector, como le gusta referirse a nuestra Consejera Arantza Tapia, pero la realidad, además de cruda es tozuda, y nos viene a demostrar que el primer sector, a la postre, se queda en un mero apartado de un macrodepartamento, perdiendo con ello, toda la visibilidad y proyección que la cuestión merece.

Me he referido a nuestra Consejera pero no se crean que es un asunto limitado al Gobierno Vasco, cuestión que parece ser abordaremos el año que viene, puesto que es un debate aplicable a todas y cada una de las administraciones o gobiernos conformados en estas fechas. Veremos, aproximadamente dentro de un mes, en qué queda el reparto de áreas y quiénes son los elegidos.

Por cierto, hablando de Arantza Tapia, me ha llamado la atención sobremanera, la información recogida por el servicio de estadística de su Departamento donde se publican los datos más significantes de La Cuenta Satélite de la Cadena de valor de la alimentación que concluyen, entre otras cosas, que la cadena de valor de la alimentación representó el 10,7% del Producto Interior Bruto (PIB) y el 13,58% del empleo de la economía vasca en 2015, en sus palabras, una aportación que le convierte en un sector estratégico a impulsar en Euskadi.

Mosqueado andaba yo con eso de la cuenta “satélite” por lo que me puse a escarbar en materia y tal es así que observo que en dicha cadena se han tomado en consideración, lo que se denomina “rama característica de la alimentación”, todos los eslabones comprendidos desde la producción primaria hasta el consumo de alimentos; pasando por la transformación, la distribución y logística, la comercialización, hasta llegar a la gastronomía. Aún es más, puestos a integrar, también se han añadido “otras ramas a las que se han denominado ramas no características de la alimentación que, a pesar de que su actividad principal no es puramente alimentaria, tienen una gran vinculación con la alimentación; tanto como actividades de apoyo especializadas en el sector alimentario (innovación, educación, actividades asociativas, etc.), así como aquellas ramas que para el desarrollo de su actividad principal incluyen servicio de comidas (sanidad, educación, etc.)”.

Como  decía, según dicho informe, la cadena en su conjunto supone el 10,70% del PIB generado por la economía vasca en 2015, si bien no conviene perder de vista que dentro de ese 10%, la hostelería es un 4,17%, el comercio alimentario un 2,74%, la industria un 1,58% y que el sector primario, apenas, supone un 0,70%. Con respecto al empleo, algo similar, puesto que del 13,58% del empleo en Euskadi generado por la cadena en su conjunto, la hostelería supone el 5,04%, el comercio un 3,81%, la industria un 1,45%, mientras el sector productor se queda en un 1,16%.

Integrar estadísticamente el conjunto de la cadena alimentaria nos puede despistar y quizás nos haga perder la perspectiva de la realidad del campo y muy especialmente del sector productor. Por otra parte, tengo que reconocer que su integración total desde el productor hasta el consumidor final dota al sector alimentario de un peso e importancia de la que escasea la mera producción.

Conocida la inteligencia de nuestra Consejera estoy totalmente convencido que busca fijar el sector alimentario en el mapa de las prioridades estratégicas del país pero, ahora bien, puestos a ser retorcidos y conocida su astucia, quizás debiera pensar que es un ejercicio de pavoneo, sacando pecho, ante futuras negociaciones.

¡Le tendré que llamar para que me lo aclare!

 

Xabier Iraola Agirrezabala
Editor en Kanpolibrean.
Blog sobre la granja y el mundo alimentario