Opinión de Antonio Palomo: BIOHACKING
Opinión de Antonio Palomo: BIOHACKING
Las técnicas de biohacking tienen como fin último mejorar la longevidad, el rendimiento y la salud. Incluyen diferentes procedimientos más o menos avalados científicamente. Como mecanismo de acción básico de dichos tratamientos tenemos someter al ser vivo, en este caso a una persona, a elevados niveles de stress controlado, para beneficiarse de los propios mecanismos que el cuerpo pone en marcha para recuperarse.
El término viene de Silicon Valley a principios de este convulso siglo XXI, y etimológicamente significa hackear (modificar sistemas) y bio (cuerpo). Visto así me genera algunas dudas razonables a pesar de incluirlo dentro del concepto wellness, welfare y wellbeing, que bien podemos contextualizar como bienestar. La semana pasada visitaba una granja con unas compañeras veterinarias, centrándonos en un análisis profuso de toda la normativa de bienestar, valorando las cinco libertades (no hambre, no sed, no dolor, no stress y manifestación de conductas naturales – interacciones cerdo/cerdo – cerdo/persona). Todos estuvimos de acuerdo en que era una granja a la que dimos un valor 10, tanto por su estado estricto de cumplimiento de todas las medidas, como por el aspecto de los animales, sus altos estándares sanitarios (ausencia signos clínicos, niveles de morbilidad y mortalidad, gasto terapéutico, programas preventivos y bioseguridad), así como por sus excelentes resultados productivos (fertilidad, prolificidad).
Bien es sabido por todos y publicado en un gran número de trabajos de literatura científica, como hay una relación directa y positiva entre el bienestar y la productividad en nuestras granjas, motivo primario por el que somos, junto a los ganaderos, los primeros interesados en trabajar con los más altos estándares de bienestar de nuestros animales, tanto por temas puramente éticos y deontológicos como por su efecto sobre la rentabilidad y sostenibilidad. No podemos obviar que, es nuestra responsabilidad cumplir y hacer cumplir el reglamento técnico de bienestar animal, quedando aún algún díscolo que, en algunas ocasiones, nos deja en evidencia a todo un sector altamente profesionalizado. Lo de la oveja negra que estropea y extorsiona al rebaño en su imagen. También lo podemos mencionar en términos gastronómicos, diciendo aquello de que un garbanzo malo puede estropear todo un cocido. En mi opinión, debemos identificar dichas malas prácticas y aplicar la normativa oficial para su delimitación, contención, corrección y, en su caso, expurgo o eliminación. Una mala hierba penaliza una buena cosecha, pudiendo llegar a arruinarla.
En este punto quiero apuntar al término reconocer, palíndromo que se escribe igual de izquierda a derecha que de derecha a izquierda, y que considero importante para no dejar de lado malas praxis de bienestar en alguna granja, a efectos de crear precedentes, no asumir responsabilidades y hacer la vista gorda (ojo también es un palíndromo). Pongamos atención y ojo al dato, que considero de interés para seguir mejorando nuestro sector, tanto en su imagen social nacional para el consumo de carne de cerdo, como internacional de cara a la exportación. No podemos hablar con propiedad si no tenemos los datos que respalden nuestros argumentos. El bienestar en nuestras granjas, como bien se puso de manifiesto en una mesa redonda con algunos profesores y alumnos del máster de producción y sanidad animal UCM – UPM, es multifactorial y tiene un gran componente de concienciación de todos los implicados. Consideramos que el 80% del tiempo lo dedicamos a acumular información y tan solo el 20% a su análisis, cuando debería ser a la inversa para ser más eficientes y resolutivos.
Partiendo de que los datos son interpretables, bien sabemos que como humanos, nuestros sesgos pueden traicionarnos, por lo que debemos ser capaces de ser honestos y no validar por puro efecto declarativo, es decir, porque nos conviene. En estos casos, terminamos viendo como el dicho no se corresponde con el hecho. ¿Nos paramos a reflexionar sobre nuestras respuestas, de verdad? No será, como menciona el profesor de psicología evolutiva Robert Kurzban que, nuestro inconsciente nos hace vernos mejores de lo que somos como mecanismo de protección. Pienso que nuestro objetivo, en el bienestar animal, es proteger más a los animales que a nosotros mismos.
Volviendo al biohacking, haciendo una comparativa entre personas y cerdos, voy a mencionar algunas de las técnicas. La oxigenoterapia hiperbárica dentro de cámaras presurizadas equivaldría a tener unas adecuadas condiciones ambientales en cada fase de producción en unos animales con dificultades de termorregulación (elevadas concentraciones de oxígeno, correcta renovación aire y bajos niveles de gases, con correcta temperatura y humedad). La crioterapia con exposición a menos 14ºC y controlado para reducir la inflamación no lo veo en nuestros cerdos. La fotobiomodulación (terapia de luz roja e infrarroja) para estimular la función mitocondrial y regeneración celular, tampoco la veo en nuestras granjas. La hipoxia / hiperoxia intermitente buscando adaptaciones fisiológicas entra en entredicho con la primera técnica, por lo que casi mejor no la vamos a utilizar en cerdos. Los goteos intravenosos (IV Drips) administrando directamente a torrente sanguíneo complejos de aminoácidos, minerales (magnesio, zinc), antioxidantes y vitaminas (C y B). Ahora que sabemos de los efectos negativos de altas dosis de zinc, considero más prudente y seguro aportar dichos nutrientes dentro de los alimentos de nuestros cerdos, como ya venimos haciendo desde mucho antes que estas clínicas los estén poniendo de moda.
Coordenadas semana 16: Centro, Este y Oeste.
“Ríe y el mundo reirá contigo; llora y el mundo, dándote la espalda, te dejará llorar”. Charles Chaplin (16 abril 1889 – 25 diciembre 1977)
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