Opinión Antonio Palomo: MAESTRO Y MENTOR
Opinión Antonio Palomo: MAESTRO Y MENTOR
Comenzaba la pasada semana haciendo mención a mis dos mentores académicos, Don Manuel Rodríguez Sánchez y Doña María Castaño Rosado, terminando la semana despidiendo a Manolo en el tanatorio de Torrelodones. En mi discurso del lunes 18 mencioné una frase de mi Madre, a quien perdí hace 25 años, cuando ella tan solo contaba con 67 años y que llevo grabada en mi mente: “Antonio, hijo, la vida es un camino de rosas y espinas”. El lunes fueron rosas y el viernes espinas. Deseo decir que la pérdida de quien fuera catedrático, decano y vice rector en la Facultad de Veterinaria y Universidad Complutense de Madrid, me ha dolido. Pero, especialmente, por perder a mi maestro y mentor. No solo me dio clases, no solo pude estar interno en su departamento, no solo me ayudó en mi proceso de becario, no solo me aplicó como profesor honorífico iniciándome en la docencia desde nada más acabar la licenciatura, lo que me ha permitido seguir hasta hoy, 42 años después, siendo profesor asociado de porcino en esa Universidad que tan bien me acogió cuando salí por primera vez del pequeño pueblo segoviano de mis Padres a la gran capital, no sin algo de miedo.
Fue mi maestro y mentor, algo muy superior a los coach actuales. Mi maestro, obviamente, al ser el profesor de una asignatura que curse junto a todos mis compañeros. Siempre he dicho que “un maestro es algo más que un estro”, que no es poca cosa, y que desde el punto de vista reproductivo tiene su gracia. Sencillamente, significo como que puso en mi la semilla de la vocación docente, junto con la Dra. Castaño, nuestra querida Mariqui, que tanto llevo disfrutando tantas décadas, gracias a ambos.
Pero fue ante todo un mentor, entendido como ese profesional con una elevada formación que compartía de forma desinteresada y que me inspiró, lo que me ayudó en mi desarrollo tanto profesional como personal. Mentorizar es impregnar una huella duradera a largo plazo, señalando el camino y ayudando a descubrir el potencial de la persona que mentorizas. En mi opinión, y hoy como legado suyo, siempre he creído en que maestro y mentor pueden ir de la mano, pretendiendo el fin último de que el alumno supere al maestro y/o mentor, o que al menos lo intente, lo cual ya es mucho y relevante.
Bien conocemos las principales funciones de un mentor, que son numerosas. Solo voy a referir un par de ellas que me vienen a la memoria. Una es crear confianza mutua y que la persona atesorada refuerce la seguridad en si misma y en sus potencialidades, actuando tan solo a modo de ejemplo que no de ideario o consejero, aspectos donde se centra más el coaching. Para ello hay que esforzarse en conocer bien a la otra persona, escucharla sin juzgarla y darla una retroalimentación en todo momento, y sobre todo en los momentos críticos. Algunos lo llaman empatía, lo cual no abarca del todo este proceso. No menos importante, desde mi punto de vista, es, además de transmitir conocimientos para su aprendizaje, enmarcarlos en un contexto real, donde los aciertos y los fallos deben implementarse conjuntamente. No creo que solo el éxito forme. Considero que compartir los errores y tropiezos son esenciales para fijar los conocimientos que queremos transmitir. Bien sabemos de aquel adagio que dice que se aprende más de los errores que de los éxitos. No es que los segundos no sean recomendables, deseables y placenteros, pero ambos empiezan por e, como esa vitamina esencial liposoluble antioxidante. Aprender de los errores de los demás suele ser más eficiente y menos traumático.
Hay una fuerza motriz más poderosa que el vapor, la electricidad y la energía atómica: la voluntad. Esto lo dijo Albert Einstein, pero también y, sobre todo, lo aprendí de mis Padres y mis mentores. En todos estos años ligado a la docencia, que en la práctica no es muy diferente a formar equipos técnicos en las empresas, he sido testigo de las diferencias importantes entre individuos. Uno puede tratar de transmitir los mismos conocimientos a un grupo concreto de alumnos o compañeros, pero no en todos ellos cala de la misma manera. Ya saben aquello de que hay personas que pasan por la Universidad, pero que la Universidad no pasa por ellas. Un ejemplo son las notas del examen de Medicina Interna en porcino que di la semana pasada, donde de poco más de cien alumnos, había sobre un 10% de ceros y otro 10% de sobresalientes. La diferencia está en la voluntad de saber, que no en la voluntad de poder que diría el filósofo Friedrich Niestzche, y que se aplica más a los múltiples casos de corrupción que estamos viviendo últimamente. Cuanto mejor nos iría si tuviéramos más voluntad de saber que de poder.
Mis maestros y mentores también me hicieron reflexionar cuando aplicaban aquella norma docente que viene a decir: si no sabes, te enseño – si no puedes, te ayudo – pero si no quieres lo siento, nada puedo hacer por ti. La vida nos pone obstáculos, pero los límites y soluciones dependen de nosotros.
Coordenadas semana 23: Muchas gracias, Manolo, y todo mi cariño a la Familia de mi maestro y mentor.
“No envidies, admira. No juzgues, aprecia. No critiques, aprende”- Anónimo
Date de alta y recibe nuestro 👉🏼 Diario Digital AXÓN INFORMAVET ONE HEALTH
Date de alta y recibe nuestro 👉🏼 Boletín Digital de Foro Agro Ganadero
Noticias animales de compañía
Noticias animales de producción
Trabajos técnicos animales de producción
Trabajos técnicos animales de compañía

