Opinión Antonio Palomo: ALZAR LA MIRADA

Opinión Antonio Palomo: ALZAR LA MIRADAOpinión Antonio Palomo: ALZAR LA MIRADA

Los bebés suelen decir su primera palabra con intención entre los 10 y 14 meses. Sin ser una regla general, suelen decir antes papá que mamá, ya que el sonido de la p es más sencillo de pronunciar. En mi época de la universidad muchos compañeros me llamaban más Palomo que por mi nombre, lo cual quizás tenga aquí su fundamento. Pero profundizando un poco más, los sociólogos dicen que las tres primeras palabras conscientes que salen de nuestra boca son mío, no y yo. Lo que me preocupa es que sean las más frecuentes que muchos adultos utilizan hoy en día, y a los que invito a alzar la mirada. Hablando el viernes pasado con un excelente compañero veterinario que ya ocupa la gerencia de una fábrica de piensos con demostrada eficiencia habiendo aumentado su producción de alimentos en un 30% en los últimos cinco años, y a quien también le interesa la filosofía, tratábamos este tema, llegando a la conclusión que este comienzo de siglo se caracteriza por la ausencia de tres corrientes que tanto bueno trajeron a la sociedad: estoicismo, ilustración y humanismo. Convergíamos en los requisitos que mencionaba la semana pasada sobre la retención de talento en las empresas, siendo consciente en estos mismos momentos que están captando veterinarios, siendo preciso alzar la mirada y no seguir haciendo todas las cosas que venimos haciendo y que nos llevan a fracasar en que los más jóvenes sean los que hoy tienen mayor absentismo laboral y, en no pocas ocasiones, permanezcan tan poco tiempo en un trabajo. En una acepción común, alzar la mirada significa mirar más allá del momento presente y de nosotros mismos. Tampoco es baladí su analogía con mirar a los ojos, refiriéndonos a aquellas personas que nunca miran de cara ni a los ojos, lo que en psicología está bien definido. Dentro de la comunicación no verbal, mirar a la cara denota atención, honestidad y respeto.

En la carta encíclica del papa León XIV “Magnifica humanitas” publicada el pasado 15 de mayo, estructurada en cinco capítulos que incluye 245 apartados y 224 referencias bibliográficas, podemos leer esos principios elementales que nos permitirían ser más humanos. Precisamente, la coletilla de esta se centra en la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial. En la primera parte, la igual dignidad de todos los seres humanos y el altísimo valor de los derechos humanos los considera troncales, lo que conlleva al desarrollo integral del ser humano, debiendo evitar el post-humanismo y el transhumanismo. En la segunda parte hace hincapié en la verdad como bien común, la ecología de la comunicación y el papel central de la educación, así como la dignidad del trabajo en la era de la transición digital. Al escribir esta columna a pocas horas de la llegada del Papa a nuestro país, debo confesarles que siento cierta emoción e ilusión por escuchar sus alocuciones en los numerosos y multitudinarios actos programados, en el deseo de que aborde de forma amplificada estos principios que, desde mi humilde opinión, me parecen de gran relevancia para volver las ovejas al redil, que diría el Señor Domingo, un pastor vecino de mis padres en el pueblo, a quien siempre tuve un gran aprecio y respeto a su trabajo diario, y a quien quiero dedicar esta columna de opinión junto a toda su familia.

Me gustaría unir la “Magnifica humanitas” al “Gaudeamus Igitur”, el himno de los Universitarios que tarareé el jueves pasado en la graduación de los nuevos compañeros veterinarios de la UCM, ya que lo de cantar se me da bastante mal, prefiriendo el Cantar de los Cantares. Quizás encontremos motivos para alzar la mirada y ver que puede haber otra realidad mucho mejor. Me centro en dos de los ocho párrafos que componen dicho himno, recordando que Gaudeamus igitur significa alegrémonos pues. Dicen así:

 

Viva nostra societas! ¡Viva nuestra sociedad!

Vivant studiosi! ¡Vivan los que estudian!

Crescat una veritas, Que crezca la única verdad.

Floreat fraternitas, que florezca la fraternidad

Patriae properitas. y la prosperidad de la patria.

 

Pereat tristitia, Muera la tristeza,

pereant osores. mueran los que odian.

Pereat diabolus, Muera el diablo,

quivis antiburschius, cualquier otro monstruo

atque irrisores. y quienes se burlan.

 

Analizando de forma profunda estas sencillas letras, encuentro muchas convergencias e intersecciones entre ambos documentos que bien expresan mis sentimientos y deseos. Ir por la vida con las orejeras puestas es de burros que decía mi Tío Francisco. Como saben, las orejeras se valoraban – valoran mucho por su capacidad para reducir las distracciones, permitiendo concentrarse en la actividad que se está realizando. Hoy podemos ver a muchas personas por la calle con los cascos puestos y sumamente distraídos, lo cual es antagónico al objetivo que refiero. Y no hablemos ya del uso masivo de los cascos en las videoconferencias, cuya opinión controvertida me reservo. En mi pueblo, al que iba hablando solo por la calle se le definía de una forma muy concreta. Aquí recuerdo una frase del filósofo francés de la Ilustración, Voltaire, en su defensa de la vida vivida con los pies en la tierra en vez de ir por el mundo con los brazos tendidos a la luna. Aristóteles y Marco Aurelio tenían como uno de sus principios fundamentales el evitar los extremos y cultivar el término medio. No puedo estar más de acuerdo con los tres.

 

¡¡¡Alcemos la mirada y alegrémonos pues!!!

Coordenadas semana 25: El Papa León XIV en España & Jornada Jabalíes

“Si miras durante largo tiempo a un abismo, el abismo también mira dentro de ti” – Friedrich Nietzsche (1844-1900) – filósofo alemán

 

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