El problema de los jabalíes en Portugal

Dice un viejo refrán “cuando veas las barbas de tu vecino afeitar, pon las tuyas a remojar” y este refrán se debería aplicar, como tantas veces lo hemos dicho en este Boletín del Foro Agro – Ganadero, en España en relación con el descontrolado exceso de población de jabalíes que padecemos (se comenta en diversos foros profesionales que en España la cifra total de jabalíes puede superar claramente los 3 millones de ejemplares).

En Portugal el problema ha estallado con una gran virulencia. En efecto, los jabalíes ubicados en el país vecino han perdido, acuciados por la necesidad de sobrevivir, el miedo y no le temen a nada. Así resulta que, en periodos de alto calor (consecuencia del cambio climático) llegan a las playas y se refrescan en el mar acompañando a los bañistas: pasean entre las mesas en las terrazas de los bares y provocan graves daños al sector agrario (igual esto le puede sonar a conocido a los agricultores y ganaderos de nuestro país).

Entre las causas que pueden explicar el mencionado incremento poblacional y la dispersión de los jabalíes en Portugal figuran el abandono de la agricultura tradicional que convierte los campos en zonas de matorral, los incendios forestales que devastan la vegetación e incluso los periodos de sequía, que empujan a los jabalíes a desplazarse a largas distancias en busca de alimento.

En una de las zonas más afectadas, el Parque Natural da Arrábida, a 30 kilómetros al sur de Lisboa, también han contribuido a esta incremento censal la falta de depredadores como, por ejemplo, el lobo o el lince y la prohibición de cazar, según el secretario general de la Asociación Nacional de Propietarios Rurales, Gestión Cinegética y Biodiversidad (ANPC), don João Carvalho.

En la zona de la Arrábida es donde se han producido escenas como la de una manada de jabalíes paseando entre las mesas de la terraza de un bar o la de un grupo de estos animales que, ante el calor extremo, se acercó a una playa para darse un remojón ante la mirada perpleja de decenas de bañistas.

Hasta la fecha no han llegado al Ministerio de Agricultura reclamaciones cuantificadas de los daños causados hasta el momento en la agricultura, por lo que no existe un dato concreto. Sin embargo, en uno de los cultivos más afectados, el del maíz, las pérdidas superan el millón de euros, según cálculos de la Asociación Nacional de Productores de Maíz.

A los estragos en los cultivos se une el peligro que suponen para la salud pública y la amenaza de la peste porcina africana, uno de los riesgos más subrayados por el CDS en sus recomendaciones.

Esta cuestión ha alcanzado tal dimensión que se ha convertido en un asunto de interés nacional y ha llegado al Parlamento. El gran y descontrolado aumento de las poblaciones salvajes de este animal y su presencia a lo largo y a lo ancho de todo el territorio generan cada vez más problemas en Portugal. Las consecuencias de esta situación han hecho que se oigan las voces indignadas en las asociaciones de productores agrícolas y de los propios cazadores pidiendo se arbitren soluciones eficaces.

Los diputados del partido democristiano CDS, han presentado una serie de recomendaciones al Gobierno para que tome cartas en el asunto. Entre ellas, la realización de un estudio sobre “la densidad, dimensión y distribución territorial de la población de jabalíes” y la adopción “con urgencia” de medidas para elaborar un plan para reducirla y controlarla a largo plazo.

Un primer problema es que, en la actualidad (al igual como sucede en España) no existen datos oficiales sobre la cantidad de jabalíes salvajes que puede haber en Portugal. Según fuentes del Ministerio de Agricultura luso consultadas por Efe, “no es posible obtener densidades y valores absolutos” porque las poblaciones de jabalíes recorren zonas “muy amplias” y “su aumento es un fenómeno cíclico provocado por diversas variantes, como alimentación, refugio o caza“.

El Ministerio de Agricultura, que trata el asunto de forma conjunta con el Ministerio de Ambiente, organizaciones de agricultores y productores forestales y del sector de la caza, ya tiene en marcha varias medidas, entre ellas la obligatoriedad de “sellar” los ejemplares abatidos, entre 22.000 y 33.000 por temporada. De esta forma buscan “conocer y controlar mejor su número” y facilitar la planificación de acciones para corregir las densidades”.

Parece obvio, por una parte, que las autoridades portuguesas tendrán que tomar medidas más activas si realmente quieren reconducir el problema que les están creando, en varios ámbitos los jabalíes y, por otra, esta realidad debería ser adecuadamente valorada por las autoridades competentes de nuestro país y actuar en consecuencia (aplicando el citado refrán).