Opinión de Antonio Palomo: TRASTORNO DE DÉFICIT DE LA NATURALEZA
Opinión de Antonio Palomo: TRASTORNO DE DÉFICIT DE LA NATURALEZA
¿TDT o TDN? El segundo, aun siendo tan grave como un exceso de tiempo delante de la televisión digital terrestre (TDT), no deja de preocuparme. El Trastorno por Déficit de Naturaleza (TDN), aunque no sea un cuadro clínico si da lugar a una serie de anomalías que sufrimos el sector ganadero derivado de los costes físicos y psicológicos originados por la falta de contacto de los seres humanos con el entorno natural donde se encuentra el medio rural, en plena Naturaleza. No debemos olvidar que las personas somos una parte más de la misma, junto con animales, plantas y medio ambiente; cayendo en la cuenta de los graves problemas que a lo largo de la historia reciente hemos sufrido, y sufriremos, como consecuencia de esta obsesión que nos ha dado de intentar dominar la naturaleza. Los animales y las plantas pueden vivir sin las personas, lo cual no es factible a la inversa. ¡No me digan que no es para pararnos a pensar! La soberbia nunca ha sido buena consejera. El término TDN lo mencionó hace ya 20 años el periodista americano Richard Louv en su libro Last Child in the Woods y que es un claro reflejo de lo que este siglo XXI nos está regalando y sobre lo cual todos podemos relatar numerosas anécdotas peripatéticas. Los que tenemos origen rural no dejamos de llevarnos las manos a la cabeza ante conductas que nos parecen, al menos, anormales.
Dentro de los síntomas que se reflejan en dicho trastorno por déficit de naturaleza se describen problemas de salud mental, salud física, desarrollo sensorial y empeoramiento del déficit de atención y mayores dificultades de concentración. Si en la salud mental aparece la ansiedad e irritabilidad y en el desarrollo sensorial el menor uso del sentido común y pérdida de ciertas habilidades motoras junto a peor resolución de conflictos en entornos libres, estoy seguro de que muchos de ustedes lo asocian con más de una de las personas que conocen y tienen comportamientos estereotipados. Bien saben, y está demostrado científicamente que, el contacto con los animales mejora la salud mental y fomenta el bienestar emocional. Lógicamente, esto no es óbice para que en nuestras granjas y dentro de la profesión veterinaria los problemas de salud mental estén presentes. En la última década se vienen publicando trabajos preocupantes al respecto que afectan más a personas en rangos de edad más bajos y habiendo diferencias por género. No es menos cierto que ante casos de graves problemas sanitarios como el virus del síndrome reproductivo y respiratorio porcino, como también ante la presencia de la peste porcina africana en gran parte del continente europeo, los síntomas que se observan son muy parecidos a los del trastorno de déficit de naturaleza, a lo que se suma la impotencia en algunas circunstancias, tanto de los productores, trabajadores de las granjas y propios veterinarios.
El que más y el que menos hemos tenido que hacer alguno de estos cursos de Linkedln Learning sobre salud mental, después de los cuales me surge la misma pregunta: ¿no sería mejor, más barato y perdiendo menos el tiempo evitar hostigar – molestar – fastidiar – jorobar o perjudicar al buen hacer de las personas reconociendo sus méritos para evitar alterar su salud mental? La sociedad tiende a pensar que el vínculo animal – persona es positivo y se centra con nuestras mascotas, esencialmente perros y gatos. No obstante, la interacción humana – animal se da con todas las especies doméstica, incluido el cerdo, segundo en domesticarse hace 10.000 años a partir del jabalí, después de los perros procedentes del lobo gris europeo. Tanto los perros como los cerdos ya convivían con las poblaciones nómadas. En nuestras granjas de porcino, en aquellas en las que dicha interacción es más positiva, tenemos mejores resultados productivos. De hecho, en las granjas experimentales y centros de investigación trabajamos en profundidad dicha interacción, lo que favorece el manejo y bienestar de los cerdos y, por ende, el trabajo y bienestar de las personas que interaccionan con ellos. He escuchado en numerosas ocasiones, lo cual comparto, aquello de que “los animales son más agradecidos que las personas” y esa otra frase de muchos colegas médicos de que “los cerdos, al menos, no me mienten”. Ser agradecido y no mentir son precisamente dos de las cualidades de las que adolece gran parte de nuestra sociedad, lo que me hace pensar en los TDN y asociados. Claro que quizás para el mundo de dogmáticos o alazones en el que vivimos esto sea irrelevante, teniendo en cuenta que estas personas sostienen sus creencias y opiniones como verdades absolutas e incuestionables, sin aceptar otras versiones. Sabiendo que la falta de autocrítica, la de flexibilidad y la intolerancia, forman parte de su personalidad, no me extraña el efecto deletéreo que ello está produciendo en la sociedad.
Tengo la impresión de que hemos vuelto al embudo de Platón que trata de meter por el cuello de botella de sus falacias todo aquello que le conviene. Dicho así puede parecer dogmático, pero quizás se entienda mejor con aquello que le pasaba al borracho del chiste que, habiendo perdido la llave del coche, la buscaba junto a la farola, porque era el único lugar en el que había luz, al igual que hace el dogmático, quien busca explicaciones más simples y categóricas, aunque sean fantasiosas, por la sencilla razón de que las realistas le parecen demasiado complejas e inseguras. Mi pregunta es si es necesario que un dogmático beba en exceso para agarrarse a una farola. Se suele decir que las afirmaciones dogmáticas llevan los cordones desatados, y que basta hacerles caminar para que ellas mismas se las pisen y caigan de bruces. Este es otro trastorno de déficit que está en la naturaleza de los que padecen o no TDN, que no de la Naturaleza propiamente dicha. Me quedo con la palabra en mayúsculas, y por supuesto teniendo contacto directo con los cerdos tantas veces como sean posibles para mi salud física y mental.
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“Habla para que te vea”– Sócrates (470 – 399 a.C.) Filósofo clásico griego maestro de Platón. Padre de la filosofía política y ética
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