Opinión Antonio Palomo: 100 AÑOS

Opinión Antonio Palomo: 100 AÑOSOpinión Antonio Palomo: 100 AÑOS

Llevo 23.360 días de aprendizaje continuado. Como es lógico, unos días son más fructíferos que otros a este propósito. Reconozco haber tenido días aciagos, como también está dentro de mis máximas que, dichos días, sean los menos posibles. He aprendido y sigo aprendiendo de todo tipo de personas independientemente de su edad, género, nacionalidad, raza, religión, estatus social, estudios, cargo, posición económica y tendencias políticas. He de decir que mí nivel de conocimientos adquiridos no guarda relación directa con la pirámide social y sí con la humanística. Me siento afortunado por ello y muy especialmente este mes de octubre donde se concentran los cumpleaños de cuatro de las cinco mujeres que me propulsan, que son mi Madre, mis dos Hijas y mi Madrina de Bautizo, mi Tía Victoria. Sobre ella voy a realizar una serie de reflexiones en esta columna, a la vez que se la quiero dedicar, con vuestro permiso, tanto a ella como a toda mi Familia Yagüe.

Vito, que así la llama su hijo, mi primo Fernando, viven en un pueblo rural que tiene adscritos 16 habitantes actualmente, aunque en la celebración de sus 100 años el sábado 17 estábamos más personas que años cumplió, mostrándola todo nuestro cariño y reconocimiento a su persona. Miguel Ibáñez es una pequeña población segoviana a media hora de la capital donde mi madrina ha vivido un siglo desde que sus Padres, panaderos del pueblo, la diesen a luz en esta localidad, ejemplo del medio rural del que muchos de mi generación provenimos y de la que a muchos hoy se les llena la boca y corren ríos de tinta en libros, redes sociales y programas de todo tipo con mayor o menor acierto, en muchos casos por esencial desconocimiento. Una cosa son las evidencias y otras las creencias. Ante esa mirada serena, sonrisa agradecida y tez con los surcos de toda una historia de nuestro país y del campo desde 1926 uno aprende a dar gracias a la vida por tener referentes centenarios con esa educación y humildad que ya querría yo para tantos con los que me relaciono cada día. Ella, sin estudios, sin idiomas salvo el universal, sin viajes fuera de la antigua Castilla la Vieja, hoy Castilla y León, sin lujos ni comidas en grandes restaurantes, nos volvió a dar una lección magistral, demostrándonos lo que debemos priorizar en la vida para alcanzar ese equilibrio mental y espiritual contagioso, mucho más eficiente para una vida plena que todos esos contagios infecciosos o no infecciosos que sufrimos en nuestras granjas y en la sociedad por el aumento de la presión social e infecciosa derivado de no realizar las suficientes y necesarias medidas de bio contención y bio exclusión.

De los cinco sentidos, el oído y olfato ya han perdido algo de sensibilidad, la vista, gusto y tacto se mantienen razonablemente bien, y destaca ese sentido en el que, según Leonardo Da Vinci confluyen los cinco anteriores, y que es el sentido común. Si pudieran elegir, ¿con cuál de los seis se quedarían? Pues, háganlo, yo lo tengo meridianamente claro. Recordemos que el cuerpo humano contamos con unos 11 millones de receptores sensoriales, de los que 10 millones están dedicados a la vista. A esto me gustaría añadir algo que hecho mucho en falta cada día en mi actividad profesional y que, el escritor estadounidense – amerindio procedente de Ohio, James Clear reflejó en su libro Hábitos atómicos, donde se basa en un método sencillo y científicamente comprobado para desarrollar hábitos correctos y eliminar los malos. El efecto de dichos pequeños hábitos repetitivos son beneficiosos y acumulativos, con lo que no puedo estar más de acuerdo. Además, en su libro hace un pronunciamiento de la distopía del desarrollo de objetivos y planes, ya que la mayoría de las personas no tenemos problema ninguno en diseñarlos, con o sin bases, sino en seguirlos en el día a día y alcanzar el objetivo. Un ejemplo de nuestra dinámica laboral son las tablas Excel, los KPI´s o los presupuestos, sobre lo que no tengo nada que añadir si cumplen sus funciones. En el caso opuesto tenemos aquellos que ni siquiera presentan los presupuestos, por lo que ya seguirlos no entra en sus planes.

Mi madrina ya inventó en el siglo pasado, sin saberlo, o quizás sí, los hábitos atómicos, lo que James Clear ha escrito en este, teniendo su mérito con tan solo 32 años. Un hábito se define como una rutina o práctica que se realiza de manera regular; una respuesta automática a una situación específica. Y atómico es la fuente de una inmensa energía o poder. Las cuatro leyes de los hábitos atómicos son hacerlo obvio, atractivo, sencillo y satisfactorio. Ohio, el estado del castaño, con 12 millones de habitantes, es el séptimo estado más poblado de los 50 de Estados Unidos, ubicado en el medio oeste con una base agrícola destacada junto a la minería. Allí nació Neil Armstrong, primera persona en pisar la luna y cuna de siete presidentes del país. Ohio está recorrido por el rio Ohio, que significa rio bello, como lo es Victoria.

Para cumplir con dichas 4 leyes, algo casi tan insólito como para cumplir 100 años, considero esencial, entre otras cosas, tener templanza. Esa fue la palabra más sonada y que desde mi punto de vista mejor describe a mi madrina Victoria, que la dedicaron en el discurso que hizo una mujer del pueblo en la fiesta que se organizó en su honor. Veamos que templanza es una virtud moral que consiste en la moderación, el equilibrio y autocontrol de los impulsos, los deseos y las pasiones humanas. Recordemos que la templanza es una de las cuatro virtudes principales en la filosofía clásica, junto a la fortaleza, la justicia y la prudencia. Hoy se lleva más lo del desenfreno, que es el antónimo de la templanza. No es menos cierto que algunas alternativas a la templanza por la bebida, con un consumo moderado, tampoco vienen mal en su justa medida (no es mi caso, pero tampoco me parece mal, siempre y cuando se mantenga la templanza). Una frase común que aparece en el libro es que “el trabajo no se desperdicia, se acumula”. Quizás creando hábitos de trabajo desde la infancia podríamos contribuir a reducir la escalada de problemas de salud mental y del ausentismo (absentismo) laboral. El cerebro codifica las lecciones aprendidas por medio de la experiencia, y en no pocas ocasiones escucho aquello de que les falta motivación, cuando en realidad lo que adolecen es de claridad. Para lo primero hay que haber cumplido años, y para lo segundo templanza no edad dependiente. La combinación simbiótica en nuestras empresas entre junior y senior, juventud y experiencia, me parecen de gran utilidad, como lo es tener una granja equilibrada en su censo de población para una mejor eficiencia.

Coordenadas semana 43: Andalucía, Castillas y Extremadura

“Las neuronas que se disparan juntas, se mantienen conectadas”- Neurons that fire together, wire together– Principio de Hebb – Donald Hebb (1904-1985) Doctor en filosofía canadiense considerado el pionero de la biopsicología

 

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