9/10/2017

¿De qué se ríe el comisario Hogan?

Por Xabier Iraola Agirrezabala, editor en Kampolibrean. Baserri eta elikagaien munduari buruzko bloga.

Tomando un café con mi amiga Patricia, sí, la de Mercadona, hablando de lo humano y lo divino, acabamos intercambiando opiniones sobre la relativa calma que vive el sector productor vasco donde, por una parte, la creciente estructuración del sector productor ha supuesto una mejor organización sectorial con la que afrontar los retos que nos plantea el mercado y, por otra parte, la creciente demanda de producto local, en su mayoría amparado por marcas de calidad, por parte de las cadenas de distribución, la verdad sea dicha, unas con más empeño que otras, hace que en estos momentos no existan grandes dificultades para vender nuestro producto.

¿Entonces, dónde está el problema? se dirán ustedes, al igual que me preguntó mi contertulia, y yo le volví a repetir mi humilde teoría que es la siguiente: el actual sistema alimentario, el mayoritario al menos, está sustentado en una alimentación ciertamente barata y por ello, en una cadena alimentaria de varios eslabones donde todos los eslabones, salvo el primero, van integrando su “beneficio industrial” y el productor de alimentos está destinado, así parece al menos, a subsistir con el hilillo de oxigeno que le dejan el resto de eslabones y particularmente, las cadenas de distribución que son las que, verdaderamente, tienen la sartén por el mango.

Pues bien, al igual que ocurre en lo que se refiere a nuestro físico donde el poco oxigeno que necesita una persona mayor es claramente insuficiente para un joven que por su vitalidad, inquietud y ganas de  afrontar nuevos retos, el escaso oxígeno (y me estoy refiriendo a rentabilidad) de la actividad agraria quizás sea suficiente para que los mayores o maduritos, asentados, con la familia ya volando y con las estructuras más o menos pagadas y , muchos de ellos, pensando más en  la anhelada jubilación, pero tal y como imaginarán, ese poco oxígeno es insuficiente y asfixiante para ese joven que quiere emprender una nueva actividad, invertir e innovar en la explotación familiar y con su trabajo sacar adelante su propia familia que, como todos saben, al inicio vive asfixiado entre facturas y créditos.

Soy consciente que todo no se soluciona con dinero pero convendrán conmigo que el vil metal aligera las penas si con ello puedes agilizar la transmisión de explotaciones de mayores a jóvenes (por cierto, un pago compensatorio anual para los cedentes ya contemplado en el Reglamento 1305/2013), se pueden apoyar políticas de pilotaje de la transmisión (¿dónde estarán las añoradas ayudas a la prejubilación?), puede facilitar la contratación de personal para poder conciliar el esclavo trabajo agrario con los actuales parámetros de la vida familiar moderna (aspecto muy valorado incluso por las nuevas generaciones provenientes de las propias explotaciones) o te puede posibilitar, entre otras muchas cosas, invertir en tecnología y modos de producción que hagan más amable la mera producción.

Pues bien, imagino que éstos y otros muchos temas más sesudos, serán los que hayan protagonizado la conferencia organizada por el Consejo Europeo de Jóvenes Agricultores (CEJA) el pasado 27 de septiembre, donde el comisario de la UE, Phil Hogan, equipado de su  inquietante sonrisa y haciendo uso de la habitual retórica, hueca y ampulosa, de aquellos que hablan sin decir nada de fundamento, obviamente, destacó la importancia de los jóvenes agricultores europeos para el futuro del sector y aunque reconoció que sólo el 6% del total de los agricultores europeos son menores de 35 años, en comparación con el 56% que son mayores de 55 años, se limitó a señalar que la renovación generacional es cada vez más crucial y debe ir acompañada de políticas adaptadas. Ósea, nada nuevo bajo el sol.

Algo parecido a lo que he percibido en el documento presentado este pasado verano, allá por el mes de Julio, por el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación bajo el ambicioso título de Paquete Joven donde además de líneas ya recogidas en diferentes comunidades o cuestiones sobre las que no es competente, se pone más empeño en igualar, armonizar y/o homogeneizar las condiciones y los requisitos para la incorporación de los jóvenes como si lo más importante, en vez de mejorar lo sustancial, fuese que todos los jóvenes que quieran incorporarse a la actividad agraria, se incorporen donde se incorporen, tengan, no un trato adecuado, sino idéntico. ¿Será que las cabezas pensantes del Ministerio opinan, a semejanza de lo que ocurre con algunas empresas, que los jóvenes del Estado deciden en qué Comunidad Autónoma instalarse en función de los requisitos o de los porcentajes de ayuda?  .

Sé que la cuestión del rejuvenecimiento del agro y del imprescindible relevo generacional es cuestión harto difícil de solucionar. Quizás, lo que yo haga, escribir sin más, sea lo más fácil pero entiéndanme, señores políticos, empezando de Euskadi y llegando al Gobierno español o a Instancias europeas, o insuflamos oxigeno al sistema, oxigeno suficiente para los jóvenes, o el invento se va al garete.

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