26/11/2018

Cuando el dinero no lo es todo

Decidir qué se va a cenar diariamente resulta un quebradero familiar. Intentar complementar y equilibrar lo que cada uno de nosotros ha comido al mediodía fuera de casa, una tarea compleja. Hace un par de años, decidimos cenar los Nuggets que tan de moda están en los establecimientos de comida rápida y tengo que reconocerles que, si no fuese por el pan rallado y por el kétchup, aquello no hay hijo de madre que se lo coma. Dicen que era pollo. Dicen.

Por otra parte, hace pocos días decidimos nuevamente cenar Nuggets pero ahora optamos por Nuggets caseros elaborados con la pechuga de pollo Lumagorri (pollo de caserío) que una vez troceado y pasado por pan rallado, quedan exquisitos y además, naturales.

Hablando de Nuggets como estamos les tengo que comentar una reciente lectura donde se informaba sobre los Nuggets elaborados por la gran industria alimentaria donde una vez despiezado el pollo, se rebaña la poca carne que queda pegada al esqueleto, se congela, se hace una masa y luego se le añaden almidones, colorantes, fibras de guisantes o soja, sal, glutamato y una pizca de aroma de pollo para que nadie se olvide que sigue conteniendo pollo, porque como dicen, el Nuggets que nos zampamos lleva, como máximo, en un 50 por 100 de la carne arrancada al esqueleto.

Nada más leer este tipo de noticias te viene a la memoria el dicho “es mejor no saber lo que comemos” y es que quizás, mirar para otro lado, sea la única forma, o quizás la más cómoda, de convivir con nuestros pecados y contradicciones diarias.

Como he dicho anteriormente en nuestra casa los Nuggets los hacemos con pechuga de pollo de caserío Lumagorri y viene esto a colación porque esta asociación, LUMAGORRI; ha celebrado recientemente su 25 aniversario con un festuqui donde se reunieron los socios impulsores, los actuales (40 productores), trabajadores (30 empleados), comerciantes y carniceros, cocineros, consumidores y otros muchos amigos. Como era de esperar el protagonismo del acto recayó en los socios impulsores pero puestos a destacar algo, quisiera subrayar las palabras de su gerente, Mari Jose Murua, que destacó el importante papel desarrollado por las mujeres, tanto como productoras como empleadas. Aun así, dicho lo dicho, no quisiera dejar de poner en valor el papel de la propia Mari Jose que ha sabido liderar este colectivo que, a fin de cuentas, es un gran proyecto conformado por muchos pequeños productores.

Al recordar el papel de la mujer en el caserío y en los movimientos agrarios me viene a la memoria el ejemplo de una joven emprendedora que he conocido recientemente, Aintzane del caserío Argaia Goiena de Amezketa. Una mujer joven, pizpireta, locuaz y magnífica comunicadora que después de varios avatares, decidió volver al caserío de su añorado abuelo y ponerse a criar cerdos al aire libre. Aintzane, en el transcurso del reciente encuentro GURE LURRA, manifestó que su actividad ganadera le permite materializar sus dos proyectos vitales, por una parte, su maternidad y la crianza en tranquilidad de sus tres pequeños y por otra parte, la participación en la asociación Basatxerri que le posibilita dedicarse a criar cerdos en una dimensión acotada y compatible con sus tareas familiares además de complementar los ingresos familiares. El tono positivo y realista de sus palabras, alejado de grandezas su realismo y una actividad que compatibiliza su proyecto personal y el profesional porque muchas veces, a pesar de las palabras de un amigo mío que dice que el dinero no soluciona la vida pero sí la hace más fácilmente soportable, caemos en la cuenta que nuestra felicidad no está asegurada por los altos ingresos sino por conformarse con llevar adelante una vida digna.

Al escuchar las palabras de Aintzane, me asaltaron esos pensamientos que me rondan últimamente que concluyen que en el momento de abordar la incorporación de jóvenes, o no tan jóvenes, al campo debemos tener en cuenta factores que hasta ahora ignorábamos como pueden ser la conciliación familiar que tanto valora Aintzane, la conciliación con el ocio y la vida social, la posibilidad de trabajar al aire libre con un horario que lo controla uno mismo y, tal como me recuerda mi amigo Iñaki, poder desarrollar una actividad y/o producto con prestigio social.

Ahora bien, tampoco le falta razón al director foral Xabier Arruti cuando dice que la rentabilidad no es un factor suficiente para asegurar la incorporación de los jóvenes al campo, pero sí imprescindible.

Xabier Iraola Agirrezabala

Editor en Kampolibrean.

Baserri eta elikagaien munduari buruzko bloga.

 

 

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