8/10/2018

Vacunar en producción animal, una responsabilidad compartida (II Parte)

Continuando con lo expuesto en la primera parte de nuestro artículo, hay que significar que, a medida que varía la patogenia y la epidemiología de cada enfermedad, también lo hacen el papel y la eficacia de la vacunación como medio de control.

Algunas vacunas pueden ser de gran eficacia, induciendo una inmunidad que no solo previene los signos de la enfermedad, sino que también puede prevenir la infección y reducir la multiplicación y disminución del agente causal. Otras vacunas pueden prevenir la enfermedad clínica, pero no la infección y/o el estado de desarrollo del portador. En otros casos, la inmunización puede resultar completamente ineficaz o solo reducir la gravedad de la enfermedad. De esta forma, la decisión de recomendar la vacunación como parte de la estrategia de control de las enfermedades animales, requiere un conocimiento profundo de las características del agente infeccioso y de su epidemiologia, así como de las características y posibilidades de las diferentes vacunas disponibles. Además, también esta aumentado el interés público entre los consumidores en las ventajas que tiene para el bienestar animal el uso de vacunas veterinarias como medio de control de la enfermedad.

Es evidente que la capacidad de inmunización de una vacuna en cada animal va a depender de múltiples factores, algunos de los cuales implican al animal en sí, entre los que cabe destacar la edad, el sexo, la raza, la existencia o no de enfermedad de base, la administración de fármacos inmunodepresores y la existencia de estados de malnutrición y estrés; y otros están asociados a la vacuna, bien sea a su composición o al mal uso de la misma; todos estos factores conllevan un mal resultado en la vacunación y, a veces, implican que sea peor el remedio que la enfermedad; son los denominados fallos vacunales o fallos de inmunización activa. Por todo ello, incluso cuando se ha llevado a cabo la vacunación correcta del animal, la probabilidad de establecer una protección eficaz nunca es del 100%.

Con todo lo anterior, solo falta un dato para completar la ecuación que da por resultado la importancia que la vacunación tiene en producción animal. La humanidad depende de la agricultura y de la ganadería para su alimentación. Sin embargo, según datos de la OIE, más del 20% de las pérdidas actuales de producción animal están ligadas a las enfermedades animales. Si a lo anterior sumamos que la población mundial habrá alcanzado cerca de 10 000 millones de personas en 2050 y que será necesario cubrir un aumento de la demanda de proteínas animales de aquí al 2050 de más del 70%, en parte debido a la emergencia de las clases medias en los países en desarrollo y a sus nuevos hábitos de consumo, es indudable que el incremento subsecuente de la producción animal planteará nuevos retos, también en el campo del control de enfermedades.

Lo anterior, unido a aspectos como que la acuicultura es, probablemente, ya hoy el sector de producción de alimentos con un mayor crecimiento; cuenta en la actualidad con cerca del 50% de los animales acuáticos del mundo que se utiliza para la alimentación. Las enfermedades de los animales acuáticos constituyen también una importante restricción para la producción. Y en la línea del concepto «One health», dejamos como última reflexión que el 60% de los patógenos humanos son de origen animal y el 75% de las enfermedades animales emergentes pueden transmitirse a los humanos.

Y termino mi exposición, afirmando, que, si se entiende por un ‘Bien Público Mundial’, «Aquel que beneficia a todos los países y a todas las generaciones venideras», podemos inferir que la prevención y control de las enfermedades animales constituyan un bien público mundial.

Es responsabilidad, por tanto, de todos los gobiernos garantizar las alianzas público-privadas que permitan un mejor control de las enfermedades de los animales. Las alianzas entre los agricultores, veterinarios oficiales y veterinarios privados son esenciales.

La introducción de la inmunización ha permitido beneficios incuestionables. Se ahorra en el costo de los tratamientos, se reduce la incidencia de muchas enfermedades infecciosas y, lógicamente, hay una reducción de la mortalidad. Es, sin duda, la vacunación uno de los mayores avances de la salud pública mundial. Como me gusta remarcar a mis alumnos, es, probablemente, la herramienta más potente que tienen los veterinarios para combatir la enfermedad de origen infeccioso; y quizás, en un futuro cercano, la única herramienta eficaz para la consecución de este objetivo.

 

 

Santiago Vega

Profesor Titular del Área de Sanidad Animal de la Facultad de Veterinaria de la Universidad CEU Cardenal Herrera.

Clara Marín

Profesora Titular del Área de Sanidad Animal de la Facultad de Veterinaria de la Universidad CEU Cardenal Herrera.

 

 

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