5/3/2018

El consumidor y la mediocridad; binomio mortal

Llevo años asegurando públicamente, sin generar ninguna reacción visible a prácticamente ningún nivel (empezando por la Universidad), que “estamos inmersos en el pantano de los mediocres”.

Pues bien, el gran y por mí también profundamente admirado don ANTONIO FRAGUAS DE PABLOS “FORGES” (q.e.p.d.), daba valor a mis afirmaciones cuando, refiriéndose a España, escribió acerca del “triunfo de los mediocres”.

Escribía don Antonio; “ningún país alcanza semejante condición de la noche a la mañana. Tampoco en tres o cuatro años. Es el resultado de una cadena que comienza en la escuela y termina en la clase dirigente.

 Hemos creado una cultura en la que los mediocres son los alumnos más populares en el colegio, los primeros en ser ascendidos en la oficina, los que más se hacen escuchar en los medios de comunicación y a los únicos que votamos en las elecciones, sin importar lo que hagan; alguien cuya carrera política o profesional desconocemos por completo, si es que la hay. Tan solo porque son de los nuestros…mediocre es un país donde sus habitantes pasan una media de 134 minutos al día frente a un televisor que muestra principalmente basura”.

Y siendo así, resulta que esta mediocridad, profundamente unida a la ignorancia (hablando en términos generales y respetando las excepciones que sin duda hay), se pone cada vez más de manifiesto cuando las mismas las aplica la población española en su faceta de “consumidora de alimentos”.

Tuve la oportunidad y la enorme fortuna de coincidir y compartir unas horas en Lisboa con una destacada médico endocrinóloga, que labora como Jefa de Servicio en uno de los grandes hospitales públicos de Madrid, y con una con una farmacéutica - analista de reconocido prestigio, que desarrolla su quehacer profesional en un laboratorio de análisis de una reputada empresa multinacional en el ámbito pecuario.

Hablando con ellas de la alimentación humana, de las barbaridades técnicas que acompañan, en muchos casos, a las “dietas milagro para adelgazar”, de los enormes errores que se cometen y cometemos a lo hora de ingerir alimentos, especialmente los de origen animal (errores no pocas veces directamente atribuibles a unos más o menos afamados “asesores dietéticos” cuya mediocridad encaja perfectamente en las afirmaciones de don Antonio), llegábamos a la terrible conclusión de que la ignorancia es, en no pocos casos, la causante, vía la mencionada alimentación inadecuada, de importantes problemas de naturaleza fisiológica que afectan, a veces de forma irreversible, a muchos de nuestros órganos (empezando por los riñones y el hígado).

Esta mediocridad, esta ignorancia, este mortal binomio “consumidor – mediocridad”, fatal también para el ganadero, para el agricultor y en realidad para toda la cadena alimentaria, es en el que se basan, con una gran habilidad comunicadora (fundamentada en el amarillismo, el sensacionalismo, el alarmismo, el sesgo y las “medias verdades”) y en una cuantía importante de dinero, ciertos “colectivos animalistas” (en prácticamente todas sus vertientes) y algunas agrupaciones de veganos, por ejemplo, para  llevar a término campañas y comunicaciones en los medios con el objetivo no disimulado de  desacreditar al sector productor (especialmente al pecuario) y a la propia proteína de origen animal.

Ante esta compleja situación, generada por el mencionado “binomio mortal”, no nos queda otro camino que reaccionar con la máxima urgencia, utilizando, como mínimo, los mismos canales de comunicación, debiéndose implicar, sin vacilaciones, tanto las distintas administraciones como todos y cada uno de los eslabones de la cadena.

Estamos inmersos en una verdadera “guerra mediática”, con unas consecuencias de largo alcance y con muchos intereses económicos e ideológicos de por medio.

Por ello se debe actuar con contundencia, como ya se está haciendo en algunos contados casos, con el fin primero de FORMAR, a un nivel mínimo imprescindible, al “colectivo consumidor”; un consumidor que, por ejemplo, compra la mal referenciada “leche de soja” estando convencido de que compra una maravillosa leche vegetal, que supera ampliamente en bondades a la leche de nuestras vacas ¡sencillamente demencial!

Y, por favor, no olvidemos que cuando no existe la mencionada formación, la información técnica, objetiva, veraz, real… apenas si surte efecto en la inmensa mayoría de los consumidores (ni en muchos de los “consejeros gurús” ni en ciertas empresas, comercializadoras de “pastillas adelgazantes milagrosas”, por ejemplo, que, buscando ganar dinero fácil, tanto proliferan y tanto daño hacen).

O desmontamos, entre todos, este “binomio mortal” o, en el ámbito de la alimentación humana, por lo menos en el I Mundo, la proteína de origen animal lamentablemente tiene un futuro poco halagüeño ¡créanme!

Carlos Buxadé Carbó.

Catedrático de Producción Animal.

Profesor Emérito.

Universidad Politécnica de Madrid.

 

 

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Comentarios (5)

Shalaiko Carlin
7/3/2018

Estimado Dr. Carlos, además de aprovechar para saludarte y felicitarte por tan atinada opinión y artículo, comento lo siguiente desde mi óptica y mi país de III M: la globalización lleva también las malas tendencias, un hecho tan lamentable que al leer su artículo me parecía ver una radiografía de lo que estoy viviendo como mexicano. Me parece que habrá que tomar muy en serio el trabajar a través de las mismas redes de comunicación para tratar de disminuir la tendencia de la mediocridad, y lamentablemente no olvidar que la masa de gente con una educación mediocre son parte de nuestros consumidores, tristemente parte o gran parte de nuestro mercado actual en diferentes aspectos. La situación es complicada pues la mediocridad ha permitido erigir personas que vía redes sociales hacen un bastión que se ve difícil de vencer, el absurdo en el que estamos sumidos es que lo mas idiota es muchas de las veces una tendencia que inclusive busca replicarse, ya sea una idea, una expresión o como bien lo dijo: un producto de consumo. Tendremos que ser creativos para contrarrestar ese binomio mortal que bien describe y tanto daño nos sigue causando. Cada vez son menos los que realmente quieren saber y más los que descansan en la simpleza de conformarse con lo poco que les dicen sus "gurus". Minimamente habrá que hacer un esfuerzo valiente por criticar profesionalmente las malas prácticas y los malos productos desde donde nos encontremos esperando que algún puñado de mediocres quiera despertar del marasmo donde se encuentra encantado e inmerso, ojalá con ello se cree otra tendencia: cansarse de ser mediocre.

SILVIA HUMERA
6/3/2018

Coincido absolutamente, pero es un tema que viene de lejos y que va a más, como una música que llevamos tiempo escuchando y canturreando sin hacer nada, cruzando los dedos y mirando hacia otro lado a ver si pasa y vuelve el silencio. Pero no va a funcionar y cada vez sonará más fuerte. Creo que es el propio sector, a través de sus asociaciones profesionales y empresariales quien debe de actuar creando plataformas transversales de defensa de las producciones agropecuarias. El problema es que para defender unas producciones a veces atacamos a otras, sin entender que por ahí no pasa la solución.

José Luis Ares
6/3/2018

Lamentablemente la cultura alimentaria de la sociedad española no está a la altura del nivel tecnológico de las empresas agroalimentarias ni de la calidad de las producciones actuales. Cómo es posible que después de décadas de esfuerzo para alcanzar la modernización del sector, nuestros alimentos vegetales y animales sean más valorizados en el mercado internacional que a nivel interno. Si miramos hacia atrás se ha logrado mucho en la formación de los ganaderos, técnicos e industriales del sector agroalimentario nacional, sin embargo, queda todo por hacer en el ámbito de consumo, tanto en cultura como en educación. Y para ello, no es suficiente destacar como potencia gastronómica mundial ni por el número de estrellas bien merecidas de muchos de nuestros cocineros, sino que urge acometer una auténtica revolución pedagógica desde la etapa inicial en la primera escuela. ¡No veo otro camino!

Cristobal Aguilera
6/3/2018

Primera Ley Fundamental de la estupidez humana del maestro Cipolla: "Siempre e inevitablemente cada uno de nosotros subestima el número de individuos estúpidos que circulan por el mundo"

DAVID SAN JUAN
6/3/2018

Totalmente de acuerdo, profesor. El consumidor es un ser perfectamente manipulable y desinformado. Yo creo que todos tenemos cientos de ejemplos a nuestro alrededor de aquello de que una imagen (que esconde una ideología o un interés espurio, como bien dice) es mucho más poderosa que mil hechos objetivos. Un saludo.

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