5/12/2017

Odio Cordial

Por Xabier Iraola Agirrezabala, editor en Kampolibrean. Baserri eta elikagaien munduari buruzko bloga.

Acabo de imprimir la Comunicación de la Comisión sobre la PAC post 2020 y al no haber tenido  tiempo para una lectura pausada, esta semana les quería hablar de unas interesantes Jornadas sobre la sidra, Sagardo Forum, celebradas la semana pasada en el imponente marco de la Fundación Orona de Hernani y magníficamente organizadas por la asociación Sagardoaren Lurraldea (El Territorio de la Sidra) donde se trataron tanto temas de producción de manzana y la sidra en el mundo como el pujante turismo de la sidra.

Pues bien, en el transcurso del primer día pudimos escuchar las prudentes palabras del experto en pomología, Aitor Etxeandia, quien destacando el punto de partida del cultivo de la manzana para sidra en nuestra tierra (pequeñas fincas, diseminadas, orografía difícil, descontrol o diversidad varietal, …), haciendo suyo el eufemismo de contar con un “amplio margen de mejora”,  puso el acento en la leve pero continua mejora que están desarrollando los productores de manzana, eso sí, asesorados por técnicos y traccionados por unas sidrerías que demandan manzana autóctona para así poder cumplir con los condicionantes de la recién nacida Denominación de Origen “Euskal Sagardoa”.

Ese mismo día, el responsable de dicha Denominación, Unai Agirre, destacó el importante crecimiento que ha experimentado al subir el número de sidrerías adscritas pero sobretodo el número de litros destinados a la D.O. que suben de los 2.000.000 de la campaña pasada a los 4.000.000 elaborados para tal fin, si bien, el que este importante volumen de sidra se destine a la D.O. no significa que toda ella cumpla, al embotellarse, las condiciones exigidas y más difícil aún, faltará por ver cuánta sidra amparada por la D.O. será comercializada como tal.

En esta tarea los consumidores, una vez más, tenemos la sartén por el mango y yo, por mi parte, ya le he dicho al presi de mi sociedad que vaya comprando sidra amparada por la D.O., la botella de la capucha roja, aunque si les digo la verdad, si el amargado de arriba sigue en sus trece puede que no lleguemos ni a catarla y por ello, invito a todos mis lectores para que en la medida de sus posibilidades, al comprarla para casa o al pedirla en un restaurante reclamen la sidra con capucha roja porque, con este simple gesto, están ayudando al conjunto del sector, tanto a sidreros como a productores de manzana.

En esa misma Jornada, participó como ponente Ignacio Ruiz de Alegría, consultor del sector agroalimentario de dilatada experiencia en diferentes proyectos e iniciativas, quien en un tono delicado y moderado como corresponde a un músico de su talla recurrió también a otro eufemismo, “odio cordial” para referirse al turbulento pasado entre las diferentes asociaciones de sidreros y apuntado en el bloc de notas dicha maravilla eufemística, al llegar a casa y releer mis notas, sin saber por qué, pensé en la relación de amor y odio que existe entre los movimientos ecologistas-naturalistas-animalistas y el sector productor de alimentos.

Cada vez son más frecuentes e importantes los choques entre ambos mundos y realidades y así, mientras los agricultores utilizan los productos legales que se encuentran en el mercado para poder seguir trabajando con eficacia, por ejemplo el denostado glifosato, vemos que la prórroga de su licencia ha acabado siendo una dura batalla en el seno de la Unión Europea, por un lado los ecologistas-naturalistas y por otra parte, los agricultores y organismos científicos de la propia UE y al final, se ha logrado una prórroga de 5 años más que supone un cierto alivio para los productores que confían en que las empresas del ramo pongan en el mercado algo tan eficaz como el polémico glifosato.

Otro de los choques frecuentes proviene de las condiciones del bienestar animal y así tenemos a unos consumidores que reclaman cada vez mayor espacio para los animales en las cuadras, que puedan pasear plácidamente, que se les trate como a uno señores y todo ello, eso sí, a un precio de saldo (un “todista” como dice el anuncio) que no cuadra con las exigencias planteadas, salvo que las cuentas cuadren asfixiando al de siempre, al productor. En el sector de los huevos (¡Manda guevos! qué diría aquel) los productores de huevo de jaula han invertido cantidades ingentes de dinero para cumplir con las exigencias de espacio impulsadas desde la UE y ahora, sin tiempo material para amortizar dichas inversiones, los de siempre quieren dar una nueva vuelta de tuerca al sector y para ello, además de las instituciones, presionan a las grandes cadenas de distribución para que vayan eliminando los huevos de jaula de sus lineales y comercialicen, exclusivamente, huevos de gallinas fuera de jaula.

Soy consciente que la tendencia va para esa orilla y me alegro de ello por los productores de huevo de gallinas en libertad amparados por el Label, especialmente por el pionero que no es otro que mi amigo Esteban Atxa, pero aun así, creo que las exigencias de una u otra índole deben ser razonables, razonadas, progresivas y sin asfixiar al sector, sea el que sea.

Además, y con ésto termino, las exigencias del consumidor deberían ir acompañadas de un compromiso (precio) por su parte porque en caso contrario, ese mismo consumidor, trabajador en el sector servicios,  industrial o construcción, tampoco debería extrañarse que sus jefes quieran, también, todo: máximo rendimiento al mínimo coste.

 

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